Pequeños proyectos solidarios: El burro de Mamma

Un burro para Mamma Addi

 

Muchos de vosotros: amigos, familiares y turistas, ya la conocéis. Para los que todavía no tuvisteis la oportunidad, os presento:

 

Mamma Addi es una mujer bereber del sureste marroquí. Como otras muchas familias de la zona, Mamma es nómada y siempre lo fue. Desconoce su edad, y es que en su “mundo”, no son necesarias ni fechas de nacimiento ni documentos de identidad.

 

Vive en la árida hamada, a las faldas de las dunas de Erg Chebbi, valiéndose de las pocas posibilidades que permite su entorno y haciendo frente a las duras condiciones de su día a día.

 

Tras separarse de su marido, y marchándose éste con sus 4 hijos mayores, Mamma Addi se ve emprendiendo una vida sola, con el menor de sus hijos, Hassan. (De ahora unos 6 años).

Abandonada a su suerte, en un lugar detenido en el tiempo, donde carece de vivienda, luz y agua, y en una cultura en la que una mujer en sus condiciones lo tiene verdaderamente difícil para subsistir, cada día saca toda su fuerza y empeño para salir adelante.

 

Pese a su cruda rutina, Mamma, desde el primer momento en el que la conocemos hace ya varios años, recibe cada visita con una sonrisa, mucho amor y un delicioso e hirviente té.

 

Cada mañana se levanta para hacer las “pocas” pero duras obligaciones que exige su forma de vida: preparar el pan casero y la comida, andar kilómetros para ir a buscar el agua al pozo o la leña, cuidar su jaima de las inclemencias del tiempo, atender a su hijo y ver nacer y morir el sol de horizonte a horizonte uno y otro día.

 

Los bienes que posee Mamma son escasos. Algunas mantas y ropa, una pequeña habitación construida con adobe de apenas 1m cuadrado, una cabañita de cañas, a modo de cocina, un horno de barro, que ella misma construyó y la jaima de pelo de cabra desde la que ve pasar las horas del día.

 

Mamma Addi no tiene dromedarios, tampoco tiene un rebaño de ovejas y cabras como la mayoría de los nómadas, pues no tiene ni dinero para comprarlas ni los medios para cuidarlas y pastorear ella sola.

 

Ni tan si quiera disponía de un burro que cargase con las pesadas garrafas de agua que ha de recoger del pozo. Por lo que Mamma Addi debía caminar cada día varios kilómetros cargando esos bidones de agua sobre su espalda.

 

A raíz de esto surgió la idea de ayudarla:

Además de visitarlos a menudo en su jaima para llevarles carne, verdura o alguna otra cosa que necesite puntualmente, también compartimos algún tiempo con Mamma Addi y jugamos con el pequeño Hassan.

 

Pero todo esto no era suficiente, a pesar de las ayudas puntuales que se le puedan dar, es evidente que a Mamma Addi le era muy útil un burro. De esta forma tenía posibilidad de recoger de una sola vez, más cantidad de leña para cocinar y calentarse los fríos días de invierno, así como para poder transportar más bidones de agua para sus necesidades diarias.
Gracias a algunos turistas que tuvieron la oportunidad de conocer a Mamma Addi, y a otras grandes personas que tuve la oportunidad de conocer yo en el desierto para compartir nuestra pasión por este lugar y sus gentes.

 

Gracias a todos los que extendieron la voz en su círculo cercano contagiando las ganas de colaborar en este “pequeño” proyecto, así como de enviarme cosas para hacérselas llegar a ella.

 

Una vez recaudado el dinero y después de varios días buscando “El Burro”, ¡Lo encontré!,
Necesitábamos uno que fuera dócil, tranquilo y acostumbrado a comer las plantas del desierto, para que ni a Mamma Addi ni al propio burro les costase adaptarse a la “nueva vida”.

 

Hicimos correr la voz de boca en boca, hasta que una persona nos indicó el apellido de la familia que disponía de un burro para vender.

 

Recorrimos kilómetros con la motocicleta, hasta llegar a la pequeña aldea donde se encontraba esta familia, y tras 2 pinchazos de rueda en el camino, varias botellas de agua, y vuelta y vuelta de puerta en puerta hasta dar con el lugar exacto, al fin vimos al burro!

 

Tras acordar pasar a buscarlo al día siguiente, teníamos que ponernos manos a la obra para encontrar un transporte dispuesto a ir hasta allí, y transportar al animal hasta la jaima de Mamma Addi.

 

No creáis que esto fue fácil! Ni tan si quiera con dinero de por medio mucha gente estaba dispuesta a meter tal animal en su 4×4, remolque o ranchera… así es!

 

Pero, finalmente lo conseguimos, con un Land Rover bastante antiguo y 2 días mas tarde de lo previsto, aparecimos en la casa de la familia que nos vendería el burro.

 

Lo cargamos al transporte, y aunque al principio estaba un poco nervioso, se porto bastante bien hasta llegar a la jaima.

 

Mamma Addi rebosaba felicidad, Hassan miraba asombrado la escena.

 

Bajamos al burro del coche y tras un rato de charla, dejamos a madre e hijo, paseando con su burro hasta el pozo para ir a buscar agua para ellos y comida para él.

 

Mil gracias de corazón, por dejar vuestro granito de arena en este gran desierto.

 

 Los que habeis viajado antes con nosotros ya la conoceis, y como sabeis, es un punto importate en nuestras rutas por el desierto.

Ella, siempre feliz de recibir nuestra visita y compañía, nos acoge con la hospitalidad más sincera y un buen té.

Para nosotros es una amiga, y nos complace dedicar un pequeño porcentaje de los ingresos obtenidos por vuestras reservas de viajes, para las cosas que ella y Hassan van necesitando, y disfrutar de nuestro tiempo en su compañía.

 

Alicia Benito